Me encontraba ahora cara a cara con el foso del castillo, que era, en verdad, muy ancho y muy profundo. ¡Ay! No sabía nadar, y mis posibilidades de escapar parecían verdaderamente desesperadas, como, sin duda, lo habrían sido de no haber avistado un bote atado a la pared con una cuerda.
Pero después de subirme a él descubrí que se habían llevado los remos y que no había nada que pudiera usar para cruzar a remo. Cuando hube desatado la cuerda y me hube empujado hacia el agua, el bote se quedó completamente quieto, ya que no había arroyo ni corriente que me ayudara.
¿Cómo hice, entonces, para cruzar el bote al otro lado del foso?