Chaucer dice del sirviente del Escudero, que formaba parte de su grupo de peregrinos: «Un ballestero era en verdad, según supongo», y nos cuenta que «Sus flechas no caían con plumas bajas, y en su mano llevaba un arco poderoso».
Cuando un día se hizo una parada en una posada de camino, que lucía el viejo letrero de los «Cuadros» (Chequers), este sirviente accedió a dar a la compañía una exhibición de su destreza. Seleccionando nueve buenas flechas, dijo: «Fijaos, buenos señores, en cómo he de disparar estas nueve flechas de tal manera que cada una de ellas se aloje en el centro de uno de los cuadrados que hay en el letrero de los "Cuadros", y aun así, en verdad, ninguna flecha estará en línea con ninguna otra flecha».
El diagrama mostrará exactamente cómo hizo esto, y no se encontrará ninguna flecha en línea con otra, ni horizontal, ni vertical, ni diagonalmente.
Entonces el sirviente dijo: «He aquí, pues, un acertijo para vosotros. Quitad tres de las flechas, llevando cada una a uno de sus cuadrados vecinos, de modo que las nueve sigan colocadas de tal manera que ninguna de ellas esté en línea con otra».
Por «cuadrado vecino» se entiende uno que linda, ya sea lateral o diagonalmente.