¿No son las Leyes de la Identidad y de la Diferencia las condiciones previas de toda conciencia y de toda existencia? ¿Acaso no deben cumplirse, por igual, en las cosas materiales e inmateriales? y si es así, ¿podemos decir que son solo subjetivamente verdaderas u objetivamente verdaderas?
Me inclino, en suma, a considerarlas verdaderas tanto «en la naturaleza del pensamiento como de las cosas», como lo expresé en mi primer ensayo lógico;5 y sostengo que pertenecen a la base común de toda existencia.
Pero esta es una de las cuestiones más difíciles de la psicología y la metafísica que pueden plantearse, y difícilmente le corresponde al lógico decidirla.
Así como el matemático no indaga en la naturaleza de la unidad y la pluralidad, sino que desarrolla las leyes formales de la pluralidad, así el lógico, según lo concibo, debe dar por supuesta la verdad de las Leyes de Identidad y Diferencia, y ocuparse en desarrollar la variedad de formas de razonamiento en las que su verdad pueda manifestarse.
Una vez más, apenas necesito insistir en la cuestión de si la lógica trata del lenguaje, de las nociones o de las cosas. Con igual razón podríamos debatir si un matemático trata de símbolos, de cantidades o de cosas.
Un matemático ciertamente trata de símbolos, pero solo como instrumentos para facilitar su razonamiento sobre las cantidades; y como los axiomas y las reglas de la ciencia matemática deben verificarse en objetos concretos para que los cálculos fundados en ellos tengan alguna validez o utilidad, se deduce que los objetos últimos de la ciencia matemática son las cosas mismas.
De igual manera, concibo que el lógico trata del lenguaje en la medida en que es esencial para la encarnación y exposición del pensamiento. Aun si el razonamiento puede llevarse a cabo en la conciencia interior