cae sobre la piedra caliza se llevará una porción diminuta de la roca en disolución, no dudamos en multiplicar esa cantidad por millones, e inferir que con el tiempo una montaña puede quedar disuelta. Tenemos experiencia real sobre la elevación de tierra en algunas partes del globo y su descenso en otras hasta la extensión de algunos pies. ¿Acaso dudamos en inferir lo que así puede hacerse en el curso de las eras geológicas? Como Gabriel Plattes remarcó hace mucho tiempo: «El mar, que nunca descansa sino que perpetuamente gana tierra en un lugar y la pierde en otro, muestra lo que puede hacerse en un largo período de tiempo mediante una operación continua, no sujeta a cese o intermitencia».37 La acción de las circunstancias físicas sobre las formas y caracteres de los animales por selección natural está sujeta exactamente a las mismas observaciones. En lo que respecta a los animales que viven en estado natural, el cambio de circunstancias que puede constatarse que ha ocurrido es tan leve que no podríamos esperar observar cambio alguno en dichos animales. La naturaleza no ha hecho experimento alguno para nosotros dentro de los tiempos históricos. El hombre, sin embargo, al domesticar perros, caballos, bueyes, palomas, etc., ha producido un cambio considerable en sus circunstancias, y encontramos también un cambio considerable en sus formas y caracteres. Suponiendo que el estado de domesticación continúe sin cambios, estas nuevas formas seguirían siendo permanentes hasta donde sabemos, y en este sentido son permanentes. Así pues, los argumentos contra la teoría de Darwin, fundamentados en la no observación de cambios naturales dentro del periodo histórico, son de la índole más débil, al ser puramente negativos.
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CAPÍTULO XIX. EXPERIMENTO.
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