# Conclusión.
Puede parecer que hay un punto en el que nuestras especulaciones deben terminar, a saber, allí donde comienza la contradicción. Las leyes de la Identidad, la Diferencia y la Dualidad fueron los cimientos de los que partimos y son, hasta donde alcanza mi vista, los cimientos de los que jamás podemos apartarnos sin tambalearnos. El método científico debe comenzar y terminar con las leyes del pensamiento, pero de ello no se sigue que nos ponga a salvo de tropezar con resultados inexplicables y, al menos en apariencia, contradictorios. La naturaleza de la cantidad continua nos conduce a dificultades extremas. Cualquier espacio finito se compone de un número infinito de espacios infinitamente pequeños, cada uno de los cuales, a su vez, está compuesto por un número infinito de espacios de un segundo orden de pequeñez; estos espacios del segundo orden están compuestos, asimismo, por espacios infinitamente pequeños de un tercer orden. Incluso estos espacios del tercer orden no son puntos geométricos absolutos que respondan a la definición de punto de Euclides como posición sin magnitud. Por mucho que avancemos en la subdivisión de la cantidad continua, nunca llegamos al punto absoluto. Así, el método científico nos conduce a la concepción inevitable de una serie infinita de órdenes sucesivos de cantidades infinitamente pequeñas.