Las dificultades de concepción que entraña el aparato de los vórtices son un juego de niños comparadas con las de la gravitación y la teoría ondulatoria ya descritas. Los vórtices son, en conjunto, suposiciones plausibles; pues los planetas y satélites guardan a primera vista gran parecido con los objetos arrastrados en remolinos, una analogía que sin duda sugirió la teoría. El fallo estuvo en el primero y el tercer requisitos; pues, como ya se ha señalado, la teoría no permitía el cálculo preciso de los movimientos planetarios y era, por tanto, incapaz de una verificación rigurosa. Pero, hasta donde podemos establecer una comparación, los hechos van totalmente en contra de los vórtices. Newton no ridiculizó la teoría por considerarla absurda, sino que demostró9 que estaba «abrumada por muchas dificultades». Señaló cuidadosamente que la teoría cartesiana era incompatible con las leyes de Kepler y que representaría a los planetas moviéndose con mayor rapidez en sus afelios que en sus perihelios.10 El movimiento de rotación del sol y de los planetas sobre sus propios ejes entra en llamativo conflicto con las revoluciones de los satélites arrastrados a su alrededor; y los cometas, los cuerpos más tenues de todos, siguen tranquilamente sus cursos en trayectorias elípticas, sin importarles los vórtices a través de los cuales pasan. Hoy podemos señalar también las órbitas entrecruzadas de los planetas menores como una dificultad nueva e insuperable para las ideas cartesianas.
Newton, aunque estableció la mejor de las teorías, también fue capaz de proponer una de las peores; y si queremos un ejemplo de una teoría rotundamente contradicha por los hechos, no tenemos más que recurrir a sus opiniones acerca del origen de los colores naturales.
Habiendo analizado, con incomparable maestría, el origen de los colores en las láminas delgadas, sugiere que los colores de todos los cuerpos están determinados de igual modo por el tamaño de sus partículas últimas.
- Una lámina delgada de un grosor determinado reflejará un color determinado; por tanto, si se fragmenta, formará un polvo del mismo color.
- Pero, si esta es una explicación suficiente de las sustancias coloreadas, entonces todo fluido coloreado debería reflejar el color complementario al que transmite.
- La transparencia incolora surge, según Newton, de que las partículas son demasiado diminutas para reflejar la luz; pero, de ser así, toda sustancia negra debería ser transparente.
El propio Newton sintió esta última dificultad con tanta agudeza que sugirió que la negrura verdadera se debe a cierta refracción interna de los rayos de un lado a otro, y a una sofocación última de estos, que no intentó explicar más a fondo. A menos que intervenga algún otro proceso, ni la refracción ni la reflexión, por muy repetidas que sean, destruirán la energía de la luz. Por tanto, la teoría no da cuenta, como muestra Brewster, de 24 de las 25 partes de la luz que incide sobre un carbón negro, y la parte restante que se refleja en la superficie lustrosa es igualmente incompatible con la teoría, debido a que el polvo fino de carbón carece casi por completo de poder reflectante.11
Hoy se cree generalmente que los colores de los cuerpos naturales se deben a la absorción desigual de los rayos de luz de diferente refrigencia.
# Experimentum Crucis.
A medida que deducimos más y más conclusiones de una teoría, y encontramos que se verifican mediante la experimentación, la probabilidad de la teoría aumenta de manera rápida; pero nunca escapamos por