Todo sueño excepto uno
Luego Hrothgar partió, con su hueste de hidalgos, señor de los scyldings, saliendo del patio; el jefe guerrero buscaba a Wealhtheow, la reina, para acostarse.
Para alejar a Grendel, el Rey de la Gloria había puesto un guardia en el foso, según se cuenta: para el rey de los daneses hizo un servicio especial, dando al gigante un vigilante; y el príncipe de los gautas confiaba ciegamente en su fuerza guerrera y en la protección del Creador.
Su armadura de hierro se quitó entonces, su yelmo de la cabeza, a su escudero entregó, su espada de empuñadura cincelada, la más selecta de las armas, y le mandó guardar su equipo de combate.
El noble profirió entonces palabras de desafío, Beowulf el gauta, antes de subir a su lecho:
«No me considero inferior en cuestiones de valor, en hazañas bélicas, al propio Grendel; por ello no busco con el filo de la espada adormecerlo, de la vida privarlo, aunque bien soy capaz. Ninguna destreza en batalla tiene para asestarme golpes, para destrozar mi escudo, por muy poderoso que sea en la lid y la destrucción; sino que luchando de noche prescindiremos de los filos, si él osa buscar un combate sin armas, y el Padre de prudente ánimo la gloria asigne, Dios siempre santo, según a qué mano le parezca oportuno».
Then the brave-mooded hero bent to his slumber, The pillow received the cheek of the noble; And many a martial mere-thane attending Sank to his slumber.
Seemed it unlikely That ever thereafter any should hope to Be happy at home, hero-friends visit Or the lordly troop-castle where he lived from his childhood; They had heard how slaughter had snatched from the wine-hall, Had recently ravished, of the race of the Scyldings Too many by far.
But the Lord to them granted The weaving of war-speed, to Wederish heroes Aid and comfort, that every opponent By one man’s war-might they worsted and vanquished, By the might of himself; the truth is established That God Almighty hath governed for ages Kindreds and nations.
Una noche muy tétrica
El viajero del crepúsculo venía marchando a zancadas.
Los guerreros dormían, los que debían vigilar el edificio de cuernos, uno solo exceptuado.
Entre los hombres de la tierra estaba establecido, el implacable enemigo era impotente para arrojarlos a la tierra de las sombras, si el Señor no lo quería; mas sirviendo de guardián, con terror para los enemigos, con enojo aguardaba el desenlace de la batalla.