Grendel y Beowulf
Bajo los nublados riscos vino desde el brezo entonces Grendel caminando, la ira de Dios llevaba. El monstruo pretendía a alguno de los hombres de la tierra En la gran construcción del mégaro atrapar y exterminar:
Caminaba bajo el firmamento donde bien conocía El edificio alegre de vino, brillante con chapados, Salón de oro de los hombres de la tierra. No era la primera vez Que la casa y morada de Hrothgar había buscado: ¡Jamás halló en los días de su vida, ni antes ni después, Héroe más audaz, más recios thanes de sala!
Llegó entonces al edificio el guerrero marchando, Despojado de su alegría. La puerta se abrió velozmente Fija en goznes de fuego, al tocarla sus dedos; El cruel la arrojó entonces —su furia tan amarga—, Abriendo la entrada. Poco después El enemigo pisó el brillante pavimento del salón, Avanzó airado; de sus ojos brillaba Un fulgor desagradable muy parecido al fuego. Vio en el salón a los héroes en número, Un círculo de parientes durmiendo juntos, Una multitud de vasallos: entonces sus pensamientos exultaron, Tenía la intención de separar de cada uno de los vasillos La vida de su cuerpo, horrible demonio, Antes de que llegara la mañana, ya que el destino le había permitido La perspectiva de abundancia. La Providencia no quiso Permitirle que a ningún otro hombre bajo el cielo Devorara en la noche. El pariente de Higelac Sufrió gran pesar de cómo la criatura de ánimo terrible En asaltos imprevistos se portaría con él.
No pensaba el monstruo posponer el asunto, sino que en la primera ocasión apresó velozmente a un soldado dormido, lo despedazó de repente, mordió su prisión de huesos, bebió la sangre a torrentes, se lo tragó a bocados: pronto tuvo al muerto con pies y manos también, devorados por completo.
Más cerca avanzó entonces, al aguerrido guerrero arrebató mientras dormía, sujetándolo con su presa, hacia adelante acometió el enemigo con su mano; atrapó rápidamente al astuto maquinador, sobre su codo se apoyó. Pronto descubrió el maestro de la malicia que en las regiones de la Tierra Media, bajo la totalidad de los cielos, un agarre de manos mayor en ningún otro hombre había encontrado jamás: temeroso de espíritu, pusilánime se volvió; no pudo huir; la muerte estaba meditando, querría volar a su guarida, buscar la asamblea de los demonios: su sino ya no era el mismo que había seguido durante mucho tiempo en su vida.
El pariente y vasallos digno de Higelac recordó su discurso de la noche, Se puso en pie erguido y con fuerza lo asió. Sus dedos crujieron; el gigante estaba afuera, El conde dio un paso más. El famoso tenía en mente Huir más lejos, si encontraba la ocasión, Y marcharse a lo lejos, sin demora, Para volar a los páramos del pantano; era plenamente consciente De la fuerza de su presa en el agarre del enemigo.
Fue un viaje malogrado el que el dañino, Hostigador azote, vagó hasta Heorot: El palacio resonó; para todos los daneses, Habitantes de castillos, para cada uno de los valientes, Condes, hubo terror. Enojados estaban ambos, Archiguardias furiosos. El edificio retumbó; ¡Fue una maravilla asombrosa que el salón del vino resistiera entonces Al valiente en la batalla, que no se inclinó hacia la tierra, Excelente salón terrenal; pero por dentro y por fuera Estaba sujeto con tanta firmeza en grilletes de hierro, Por el arte del armero.
Del umbral se doblaron Muchos bancos de hidromiel, según me han informado, Adornados con trabajo de oro, donde los sombríos luchaban. Los sabios scyldings jamás antes habían pensado Que por la fuerza y el poder un hombre bajo el cielo Pudiera hacerlo pedazos, adornado de huesos, resplandeciente, Destruirlo con astucia, a menos que el abrazo del fuego En humo lo consumiera.
El sonido ascendió
¡Novedad bastante!; sobre los daneses del norte se abatió un terror de angustia, sobre todos los hombres allí que escucharon desde el muro el llanto y el lamento, el canto de derrota del enemigo del cielo, lo oyeron aullar himnos de horror y su dolor lamentar, atado al infierno.
Lo sujetaba con demasiada firmeza aquel que era el más fuerte en fuerza corporal de los hombres de esa época.