Si un ejército se pone en marcha en cualquier expedición, ya sea para atacar al enemigo y su teatro de operaciones, o para tomar posición en su propia frontera, continúa en un estado de necesaria dependencia de las fuentes de donde extrae su subsistencia y sus refuerzos, y debe mantener su comunicación con ellas, ya que son las condiciones de su existencia y preservación.
Esta dependencia aumenta en intensidad y extensión en proporción al tamaño del ejército.
Pero ahora bien, no siempre es posible ni necesario que el ejército permanezca en comunicación directa con la totalidad de su propio país; basta con que lo haga con aquella porción situada inmediatamente en su retaguardia y que, por consiguiente, está cubierto por su posición. En esta porción del país, pues, en la medida necesaria, se establecen depósitos especiales de provisiones y se toman disposiciones para enviar regularmente refuerzos y suministros.
Esta franja de territorio es, por tanto, la base del ejército y de todas sus empresas, y ambos deben considerarse como formando, en su conexión, un solo todo.
- Si los suministros, para mayor seguridad, se almacenan en plazas fortificadas, la idea de una base se vuelve más clara; pero la idea no se origina en ninguna disposición de esa clase y, en buen número de casos, no existe tal disposición.
Pero una parte del territorio enemigo puede convertirse también en una base para nuestro ejército, o, al menos, formar parte de ella; pues cuando un ejército penetra en tierra enemiga, gran parte de sus necesidades son abastecidas por aquella parte del país de la que se toma posesión; mas es entonces una condición necesaria que seamos completamente amos de esta porción de territorio, es decir, tener la certeza de que nuestras órdenes sean obedecidas dentro de sus límites.
Esta certeza, sin embargo, rara vez se extiende más allá del alcance de nuestra capacidad para mantener a los habitantes bajo temor mediante pequeñas guarniciones y destacamentos que se desplazan de un lugar a otro, y por lo general eso no es muy lejos.
La consecuencia es que, en el país enemigo, la parte del territorio de la que podemos extraer suministros rara vez tiene la extensión suficiente para proporcionar todos los que requerimos, y por tanto aún debemos depender de nuestra propia tierra para mucho de ello, lo cual nos devuelve a la importancia de aquella parte de nuestro territorio situada inmediatamente a la retaguardia de nuestro ejército como una porción indispensable de nuestra base.
Las necesidades de un ejército pueden dividirse en dos clases: primero, aquellas que cualquier país cultivado puede proporcionar; y segundo, aquellas que solo se pueden obtener en las localidades donde se producen.
Las primeras son principalmente provisiones; las segundas, los medios para mantener un ejército completo en todos los sentidos. Por consiguiente, las primeras se pueden obtener en el país enemigo; las segundas, por regla general, solo las puede proporcionar nuestro propio país, por ejemplo: hombres, armas y casi todas las municiones de guerra.
Aunque hay excepciones a esta clasificación en ciertos casos, siguen siendo pocas e insignificantes, y la distinción que hemos trazado es de vital importancia, y demuestra una vez más que la comunicación con nuestro propio país es indispensable.
Los depósitos de provisiones y forraje se forman generalmente en ciudades abiertas, tanto en el país enemigo como en el propio, porque no hay tantas fortalezas como las que requerirían estos abultados acopios que se consumen continuamente y se necesitan unas veces aquí, otras allá, y también porque su pérdida es mucho más fácil de reemplazar; por otra parte, los almacenes destinados a mantener completo al ejército, tales como armas, municiones de guerra y artículos de equipo, nunca se alojan en lugares abiertos en las proximidades del teatro de la guerra si puede evitarse, sino que se traen más bien de lejos, y en el país enemigo nunca se almacenan en ninguna otra parte que no sean fortalezas.
De este punto, de nuevo, puede inferirse que la base tiene mayor importancia en relación con los suministros destinados a reequipar a un ejército que en relación con las provisiones para la alimentación.
Ahora bien, cuantas más reservas de cada género se acumulen en grandes almacenes antes de ser puestas en uso, cuanto más se unan, por tanto, todas las corrientes separadas en grandes embalses, tanto más podrán considerarse estos como sustitutos de todo el país, y tanto más se fijará la concepción de una base en estos grandes depósitos de suministros; pero esto no debe llegar jamás tan lejos que un lugar semejante sea considerado como constitutivo de una base por sí solo.
Si estas fuentes de aprovisionamiento y reparación son abundantes, es decir, si las extensiones de territorio son amplias y ricas, si las provisiones están reunidas en grandes depósitos para ser utilizadas con mayor rapidez, si estos depósitos están cubiertos en un sentido militar de una u otra manera, si se encuentran muy cerca del ejército y son accesibles por buenos caminos, si se extienden a lo largo de una considerable anchura en la retaguardia del ejército o lo rodean en parte también, entonces se derivan una mayor vitalidad para el ejército, así como una mayor libertad en sus movimientos.
Se ha intentado resumir todas las ventajas que un ejército obtiene de encontrarse en dicha situación en una sola concepción, a saber, la extensión de la base de operaciones. Mediante la relación que esta base guarda con el objetivo de las empresas, mediante el ángulo que sus extremos forman con dicho objetivo (supuesto como un punto), se ha intentado expresar la suma total de las ventajas y desventajas que se desprenden para un ejército de la posición y naturaleza de sus fuentes de aprovisionamiento y equipo; pero es evidente que esta elegante pieza de refinamiento geométrico no es más que un juego de la imaginación, ya que se funda en una serie de sustituciones que deben hacerse a expensas de la verdad.
Como hemos visto, la base de un ejército consiste en una formación triple en relación con la situación en la que se encuentra un ejército:
- los recursos del país adyacente a la posición del ejército,
- los depósitos de provisiones que se han hecho en puntos particulares, y
- la provincia de la cual se derivan o recolectan estas provisiones.
Estas tres cosas están separadas en el espacio y no pueden reunirse en un todo, y menos que nada podemos sustituirlas por una línea que represente la anchura de la base, una línea que generalmente se imagina de manera perfectamente arbitraria, ya sea de una fortaleza a otra o de la capital de una provincia a otra, o a lo largo de un límite político de un país.
Tampoco podemos determinar con precisión la relación mutua de estos tres pasos en la formación de una base, pues en realidad se funden siempre más o menos unos con otros.
En un caso, el país circundante proporciona en gran medida los medios para reequipar a un ejército con cosas que, de otro modo, solo podrían obtenerse desde una gran distancia; en otro caso, nos vemos obligados a conseguir incluso los víveres desde una gran distancia.
A veces, las fortalezas más cercanas son grandes arsenales, puertos o ciudades comerciales que contienen todos los recursos militares de todo un Estado; a veces no son más que murallas viejas y débiles, apenas suficientes para su propia defensa.
La consecuencia es que todas las deducciones sobre la longitud de la base de operaciones y sus ángulos, y toda la teoría de la guerra fundada en estos datos, en lo que respecta a su fase geométrica, jamás han recibido atención alguna en la guerra real, y en la teoría solo han provocado tendencias erróneas. Pero como la base de esta cadena de raciocinio es una verdad, y solo las conclusiones extraídas son falsas, este mismo punto de vista se presentará de nuevo fácil y frecuentemente por sí mismo.
Creemos, por tanto, que no podemos ir más allá de reconocer en general la influencia de una base en las empresas militares, que al mismo tiempo no hay medios de extraer de esta máxima ninguna regla útil mediante unas pocas ideas abstractas; sino que en cada caso particular el conjunto de las cosas que hemos especificado debe ser tenido en cuenta en su conjunto.
Una vez que se han hecho los arreglos dentro de cierto radio para proveer los medios de subsistencia de un ejército y mantenerlo completo en todos los aspectos, y con miras a operaciones en una cierta dirección, entonces, incluso en nuestro propio país, solo este distrito debe considerarse como la base del ejército; y como cualquier alteración de una base requiere tiempo y trabajo, por lo tanto un ejército no puede cambiar su base todos los días, ni siquiera en su propio país, y esto a su vez lo limita siempre más o menos en la dirección de sus operaciones.
Si, pues, al operar en el país de un enemigo, tomamos como base toda la línea de nuestra propia frontera, allí donde forma el límite entre los dos países, podemos hacerlo en un sentido general, en la medida en que podríamos hacer aquellos preparativos que constituyen una base en cualquier lugar de esa frontera; pero no será una base en ningún momento si no se han hecho ya preparativos en todas partes.
Cuando el ejército ruso se retiró ante los franceses en 1812, al principio de la campaña toda Rusia podría haber sido considerada como su base, tanto más cuanto que la vasta extensión del país ofrecía al ejército una abundancia de espacio en cualquier dirección que pudiera elegir.
No se trata de una noción ilusoria, ya que se hizo realidad posteriormente, cuando otros ejércitos rusos procedentes de distintos frentes entraron en acción; pero aun así, en cada periodo de la campaña, la base del ejército ruso no fue tan extensa; se limitó principalmente al camino en el que estaba organizado todo el tren de transporte hacia y desde su ejército.
Esta limitación impidió al ejército ruso, por ejemplo, efectuar la ulterior retirada que se hizo necesaria tras los tres días de combates en Smolensko en otra dirección que no fuera la de Moscú, y obstaculizó así que girara de repente hacia Kaluga, como se propuso para alejar al enemigo de Moscú. Un cambio de dirección semejante solo habría sido posible si se hubiera preparado con mucha antelación.
Hemos dicho que la dependencia de la base aumenta en intensidad y extensión con el tamaño del ejército, lo cual es fácil de comprender. Un ejército es como un árbol.
Del suelo en el que crece extrae su alimento; si es pequeño, puede transplantarse fácilmente, pero esto se vuelve más difícil a medida que aumenta su tamaño. Un pequeño cuerpo de tropas tiene también sus canales, de los cuales extrae el sustento de la vida, pero echa raíces con facilidad allí donde se encuentra; no así un gran ejército.
Cuando, por tanto, hablamos de la influencia de la base sobre las operaciones de un ejército, las dimensiones de este deben servir siempre como la escala para medir la magnitud de dicha influencia.
Además es conforme a la naturaleza de las cosas que para las necesidades inmediatas de la hora presente la subsistencia sea el punto principal, pero para la eficacia general del ejército a lo largo de un período prolongado el rearme y el reemplazo sean los más importantes, porque esto último solo puede hacerse a partir de fuentes particulares mientras que lo primero puede obtenerse de muchos modos; esto a su vez define todavía más claramente la influencia de la base sobre las operaciones del ejército.
Por grande que pueda ser esa influencia, nunca debemos olvidar que pertenece a aquellas cosas que solo pueden mostrar un efecto decisivo después de un tiempo considerable, y que, por tanto, la cuestión sigue siendo siempre qué puede suceder en ese tiempo. El valor de una base de operaciones rara vez determinará la elección de una empresa en primera instancia.
Las meras dificultades que puedan presentarse a este respecto deben cotejarse y compararse con otros medios que tengamos realmente a nuestra disposición; los obstáculos de esta índole suelen desvanecerse ante la fuerza de las victorias decisivas.