el grado de tensión y el vigor de los esfuerzos realizados resulta evidente por sí mismo.
10. LAS PROBABILIDADES DE LA VIDA REAL REEMPLAZAN A LAS CONCEPCIONES DE LO EXTREMO Y LO ABSOLUTO.
De este modo, todo el acto de la Guerra queda excluido de la rigurosa ley de las fuerzas aplicadas al extremo.
Si ya no se debe temer el extremo, ni tampoco buscarlo, queda a juicio de la prudencia determinar los límites para los esfuerzos que deban realizarse en su lugar, y esto solo puede hacerse a partir de los datos que suministran los hechos del mundo real mediante las LEYES DE LA PROBABILIDAD.
Una vez que los beligerantes dejan de ser meras concepciones para convertirse en Estados y Gobiernos individuales, una vez que la Guerra deja de ser un ideal para pasar a ser un procedimiento definido y sustancial, la realidad proporcionará entonces los datos necesarios para calcular las incógnitas que se requiere hallar.
Del carácter, las medidas, la situación del adversario y las relaciones que lo rodean, cada bando sacará conclusiones por la ley de probabilidad en cuanto a los designios del otro, y obrará en consecuencia.
11. EL OBJETIVO POLÍTICO VUELVE A APARECER.
Aquí se impone nuevamente a nuestra consideración la cuestión que habíamos dejado de lado (véase el n.º 2), a saber, el objetivo político de la guerra. La ley del extremo, la perspectiva de desarmar al adversario, de derribarlo, ha usurpado hasta cierto punto el lugar de este fin u objeto. Del mismo modo que esta ley pierde su fuerza, lo político debe volver a emerger. Si toda la consideración es un cálculo de probabilidad basado en