generales, tales como base, terreno, etc., una importancia y una influencia decisiva que en realidad no poseen. Cuanto menores son los intereses en juego, tanto más importantes se vuelven los detalles de tiempo y lugar, y tanto más lo que es general y grande pasa a un segundo plano, careciendo, en cierta medida, de lugar en los cálculos pequeños. ¿Puede encontrarse, contemplada de manera general, una situación más absurda que la de Turena en 1675, cuando se encontraba con la espalda pegada al Rin, su ejército desplegado a lo largo de una línea de tres millas de extensión y con su puente de retirada en el extremo de su ala derecha? Pero sus medidas cumplieron su objetivo, y no sin razón se reconoce que muestran un alto grado de habilidad e inteligencia. Solo podemos comprender este resultado y esta habilidad cuando examinamos más de cerca los detalles y los juzgamos según el valor que debieron tener en este caso particular.
Estamos convencidos de que no existen reglas de ningún género para la maniobra estratégica; de que ningún método, ningún principio general puede determinar el modo de acción; sino que una energía superior, la precisión, el orden, la obediencia, la intrepidez en las circunstancias más especiales y baladíes pueden hallar los medios para granjearse ventajas señaladas, y que, por consiguiente, de dichas cualidades dependerá principalmente la victoria en esta clase de combate.