imposible desbordar el puesto, sino porque causan al enemigo un gasto de tiempo y de fuerza, lo cual da margen para la acción eficaz del puesto. El enemigo que, a pesar de la dificultad del terreno, desea, y de hecho está obligado, a desbordar tal puesto, porque el frente es inexpugnable, requiere quizás medio día para ejecutar su propósito y no puede, después de todo, lograrlo sin alguna pérdida de hombres. Ahora bien, si tal puesto puede ser auxiliado, o si solo está destinado a resistir durante un cierto espacio de tiempo, o por último, si es capaz de hacer frente al enemigo, entonces los apoyos de los flancos han cumplido su cometido, y podemos decir que la posición no solo tenía un frente fuerte, sino también flancos fuertes. Pero no es lo mismo si se trata de una línea de puestos que forma parte de una posición de montaña extendida. Ninguna de estas tres condiciones se cumple en ese caso. El enemigo ataca un punto con una fuerza abrumadora, el apoyo en la retaguardia es quizás escaso, y sin embargo se trata de una resistencia absoluta. Bajo tales circunstancias, los apoyos de los flancos de dichos puestos no valen nada.
Sobre un punto débil como éste es donde el ataque suele dirigir sus golpes. El asalto con fuerzas concentradas, y por tanto muy superiores, sobre un punto del frente, ciertamente puede ser contrarrestado por una resistencia que sea muy violenta en lo que respecta a ese punto, pero que carezca de importancia en lo que respecta al conjunto. Una vez que es superada, la línea es rota y el objetivo del ataque queda cumplido.
De esto se deduce que la resistencia relativa en la guerra de montaña es, en general, mayor que en un país llano, que es comparativamente mayor en los pequeños puestos y que no aumenta en la misma medida en que lo hacen las masas.