indispensable en el caso de un mero ataque repentino a los acantonamientos, y por lo tanto, en la misma proporción, la fortaleza constituirá un obstáculo menor para el ataque a los acantonamientos. Eso es muy cierto; asimismo, los acantonamientos situados a una distancia de entre seis y ocho millas de la fortaleza no pueden ser protegidos directamente por esta; pero el objetivo de un ataque tan repentino no consiste únicamente en el ataque a unos pocos alojamientos. Hasta que lleguemos al libro sobre el ataque no podremos describir pormenorizadamente el verdadero objetivo de semejante ataque repentino y lo que de él puede esperarse; pero baste decir por ahora que sus principales resultados se obtienen, no mediante el ataque real a algunos cuarteles aislados, sino por la serie de combates que el agresor impone a cuerpos aislados que no se encuentran en debida forma, y más empeñados en apresurarse hacia ciertos puntos que en combatir. Pero este ataque y persecución se realizarán siempre en una dirección más o menos hacia el centro de los acantonamientos enemigos y, por consiguiente, una fortaleza importante situada ante dicho centro constituirá sin duda un impedimento muy grande para el ataque.
Si reflexionamos sobre estos cuatro puntos en el conjunto de sus efectos, vemos que una importante fortaleza, de un modo directo e indirecto, ciertamente proporciona cierta seguridad a una extensión de acantonamientos mucho mayor de lo que pensaríamos a primera vista.
«Cierta seguridad», decimos, pues todas estas acciones indirectas no hacen imposible el avance del enemigo; solo lo hacen más difícil y de mayor consideración; por consiguiente, menos probable y menos peligroso para la defensiva.
Pero eso es también todo lo que se requería, y todo lo que debe entenderse en este caso bajo el término cobertura. La verdadera seguridad directa debe lograrse por medio de puestos avanzados y de la disposición de los propios acantonamientos.