(posición), constaba enteramente de miembros homogéneos, de modo que podía formarse a voluntad con cualquier número de partes, siendo cada parte semejante a otra y al conjunto. De este modo dejó de ser una sola pieza y se convirtió en un todo articulado, y por consiguiente flexible y manejable: las partes podían separarse del todo y volver a unirse sin dificultad, el orden de batalla permanecía siempre igual.—Así nació el cuerpo compuesto por todas las armas, es decir, así se hizo posible semejante organización, pues su necesidad se venía sintiendo desde mucho antes.
Que todo esto se refiera al combate es de lo más natural. La batalla fue antiguamente toda la guerra, y siempre continuará siendo la parte principal de esta; pero el orden de batalla pertenece por lo general más a la táctica que a la estrategia, y solo se introduce aquí para mostrar cómo la táctica, al organizar el todo en partes más pequeñas, hizo preparativos para la estrategia.
Cuanto mayores se vuelven los ejércitos, más se distribuyen en amplios espacios y más diversificada es la acción y la reacción de las diferentes partes entre sí, más amplio se hace el campo de la estrategia y, por consiguiente, el orden de batalla, en el sentido de nuestra definición, también debe entrar en una especie de acción recíproca con la estrategia, la cual se manifiesta principalmente en los puntos extremos donde la táctica y la estrategia se encuentran, es decir, en aquellos momentos en que la distribución general de las fuerzas combatientes pasa a las disposiciones especiales para el combate.
Pasamos ahora a esos tres puntos: la división, la combinación de armas y el orden de batalla (disposición) desde un punto de vista estratégico.
1.—División.
En la estrategia jamás debemos preguntar cuál ha de ser la fuerza de una división o de un cuerpo de ejército, sino cuántos cuerpos o divisiones