Hay personas, sin duda, que no se convencerán con estos argumentos, pero en todo caso no pueden replicar diciendo que, «mientras Buonaparte amenazaba la base de Schwartzenberg avanzando hacia el Rin, Schwartzenberg amenazaba al mismo tiempo las comunicaciones de Buonaparte con París», porque hemos demostrado con las razones dadas anteriormente que a Schwartzenberg jamás se le habría ocurrido marchar sobre París.
Con respecto al ejemplo citado por nosotros de la campaña de 1796, debemos decir: Buonaparte consideraba el plan que adoptó como el medio más seguro de derrotar a los austriacos; pero admitiendo que así fuera, aun así el objetivo que se pretendía alcanzar era solo una victoria vacía, que difícilmente podría tener una influencia perceptible en la caída de Mantua.
El camino que habríamos elegido habría sido, en nuestra opinión, mucho más seguro para impedir el socorro de Mantua; pero incluso si nos ponemos en la posición del general francés y asumimos que no fue así, y consideramos que la certeza del éxito era menor, la cuestión se reduce entonces a una elección entre una victoria más segura pero menos útil, y por tanto menos importante, por un lado, y una victoria algo menos probable pero mucho más decisiva e importante, por el otro.
Presentado de esta forma, la audacia habría tenido que decantarse por la segunda solución, lo cual es lo inverso de lo que ocurrió, cuando el asunto se contempló de manera meramente superficial. A Buonaparte ciertamente no le faltaba audacia en absoluto, y podemos estar seguros de que no vio todo el caso y sus consecuencias con tanta plenitud y claridad como nosotros podemos hacerlo en la actualidad.