CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
Página 998 de 1119
Table of Contents

CAPÍTULO III. A. Interdependencia de las partes en la guerra

Según tengamos en vista la forma absoluta de la guerra, o una de las formas reales que se apartan más o menos de ella, así surgirán también diferentes nociones de su resultado.

En la forma absoluta, donde todo es el efecto de su causa natural y necesaria, una cosa sigue a otra en rápida sucesión; no hay, si se nos permite la expresión, espacio neutral; hay, debido a los múltiples efectos de reacción que la guerra encierra en sí misma,(1) debido a la conexión en la cual, estrictamente hablando, toda la serie de combates(2) se suceden unos a otros, debido al punto culminante que toda victoria tiene, más allá del cual comienzan las pérdidas y las derrotas,(3) debido a todas estas relaciones naturales de la guerra, digo, hay un solo resultado, a saber, el resultado final*. Hasta que este se produce, nada está decidido, nada ganado, nada perdido. Aquí bien podemos decir: el fin corona la obra. Desde este punto de vista, por lo tanto, la guerra es un todo indivisible, cuyas partes (los resultados subordinados) no tienen valor excepto en su relación con este todo. La conquista de Moscú y de la mitad de Rusia en 1812 no tuvo valor para Buonaparte a menos que le obtuviera la paz que deseaba. Pero esta era solo una parte de su plan de campaña; para completar dicho plan, aún faltaba una parte: la destrucción del ejército ruso; si suponemos esto añadido al otro éxito, entonces la paz era tan segura como pueden serlo las cosas de esta

998