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CAPÍTULO XII. Posición defensiva

combate que entonces tiene lugar fue previsto en la elección de la posición, y debe asegurar al defensor todas las ventajas que en general podía esperar de dicha posición.

Si el enemigo flanquea la posición con el propósito de actuar contra las líneas de retirada y comunicación, esta es una relación estratégica, y la cuestión es cuánto tiempo se puede mantener la posición y si no podemos superar al enemigo con un plan semejante al suyo; ambas cuestiones dependen de la situación del punto (estratégicamente), es decir, principalmente de las relaciones de las líneas de comunicación de ambos combatientes.

Una buena posición debe asegurar al ejército a la defensiva la ventaja en este punto. En cualquier caso, la posición no perderá su efecto de este modo, ya que el enemigo queda neutralizado por ella cuando está ocupado con ella de la manera supuesta.

Pero si el asaltante, sin preocuparse por la existencia del ejército que aguarda su ataque en una posición defensiva, avanza con su cuerpo principal por otra línea en persecución de su objetivo, entonces pasa de largo ante la posición; y si puede hacer esto con impunidad, y realmente lo hace, obligará inmediatamente al abandono de la posición, poniendo en consecuencia fin a su utilidad.

Difícilmente existe en el mundo una posición que, en el sentido simple de la palabra, no pueda ser flanqueada, pues casos como el istmo de Perekop son tan raros que apenas merecen atención. La imposibilidad de flanquear debe entenderse, por tanto, aplicándose meramente a las desventajas en las que incurriría el atacante si se embarcase en tal operación. Tendremos una oportunidad más propicia para exponer estas desventajas en el vigesimiséptico capítulo; ya sean pequeñas o grandes, en cada caso

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