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CAPÍTULO VIII. La superioridad numérica

mayoría de los casos el General que ha de comandar dichas fuerzas en la Guerra debe considerar su fuerza absoluta como una magnitud dada, ya sea porque no ha tenido voz en su fijación, o porque las circunstancias impidieron que se le diera una expansión suficiente.

No queda, por tanto, allí donde no es posible alcanzar una superioridad absoluta, más que producir una relativa en el punto decisivo, haciendo un hábil uso de lo que tenemos.

El cálculo del espacio y del tiempo se presenta como lo más esencial para este fin, y esto ha hecho que dicho tema sea considerado como uno que abarca casi todo el arte de emplear las fuerzas militares. De hecho, algunos han llegado al extremo de atribuir a los grandes estrategas y tactores un órgano mental adaptado peculiarmente a este punto.

Pero el cálculo del tiempo y del espacio, aunque se encuentra universalmente en la base de la Estrategia, y es hasta cierto punto su pan de cada día, no es aún ni el más difícil ni el más decisivo.

Si lanzamos una mirada imparcial sobre la historia militar, hallaremos que los casos en que los errores en tal cálculo han resultado ser la causa de pérdidas graves son muy raros, al menos en la Estrategia.

Pero si la concepción de una hábil combinación de tiempo y espacio ha de dar cuenta plenamente de cada caso de un Comandante resuelto y activo que vence a varios oponentes separados con uno y el mismo ejército (Federico el Grande, Buonaparte), entonces nos confundimos innecesariamente con el lenguaje convencional.

Por aras de la claridad y del uso provechoso de las concepciones, es necesario que a las cosas se las llame siempre por su verdadero nombre.

La justa apreciación de sus oponentes (Daun, Schwartzenberg), la audacia de dejar por un breve espacio de tiempo una pequeña fuerza

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