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CAPÍTULO X. Marchas

Las marchas son un mero paso de una posición a otra bajo dos condiciones primordiales.

La primera es el cuidado debido de las tropas, de modo que no se malgaste ninguna fuerza inútilmente cuando pueda ser empleada con provecho; la segunda es la precisión en los movimientos, para que estos encajen con exactitud.

Si marcháramos con 100.000 hombres en una sola columna, es decir, por un solo camino sin intervalos de tiempo, la retaguardia de la columna jamás llegaría al destino propuesto el mismo día que la cabeza de la misma; tendríamos que avanzar a un ritmo desacostumbradamente lento, o la masa se dispersaría en gotas, como un hilo de agua; y esta dispersión, unida al esfuerzo excesivo impuesto a los de la retaguardia debido a la longitud de la columna, pronto sumiría todo en la confusión.

Si desde este extremo tomamos la dirección opuesta, hallamos que cuanto menor sea la masa de tropas en una sola columna, mayor será la facilidad y precisión con que podrá realizarse la marcha.

El resultado de esto es la necesidad de una división, con independencia absoluta de aquella división de un ejército en partes separadas que corresponde a su posición; por tanto, aunque la división en columnas de marcha se origina en la disposición estratégica en general, no ocurre así en cada caso particular.

Una gran masa que deba concentrarse en un punto cualquiera tiene que dividirse necesariamente para la marcha. Pero aun cuando una disposición del ejército en partes separadas motive una marcha en divisiones separadas, ya las condiciones de la disposición primitiva, ya las de la marcha, resultan primordiales.

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