de vez en cuando altos de algunos días. Darles alcance, atacarlos y obligarlos a realizar una retirada adicional es cuestión de unas pocas horas; pero si multiplicamos estas masas por 100, la situación cambia. Las operaciones para las que bastaban unas pocas horas en el primer caso, requieren ahora un día entero, quizás dos. Las fuerzas contendientes no pueden permanecer juntas cerca de un punto; por lo tanto, la diversidad de movimientos y combinaciones aumenta y, en consecuencia, también el tiempo requerido. Pero esto sitúa al atacante en desventaja, debido a que su dificultad con la subsistencia es mayor, se ve obligado a extender su fuerza más que el perseguido, y, por lo tanto, siempre corre el peligro de ser abrumado por este último en algún punto en particular, como los rusos intentaron hacer en Vítebsk.
- Cuanto mayores son las masas, más severos son los esfuerzos exigidos a cada individuo para los deberes cotidianos requeridos estratégica y tácticamente. Cien mil hombres que tienen que marchar hacia y desde el punto de reunión todos los días, detenidos al mismo tiempo, y luego puestos en movimiento de nuevo, llamados ahora a las armas, luego cocinando o recibiendo sus raciones —cien mil que no deben ir a su vivac hasta que se entreguen los partes necesarios desde todos los flancos—, estos hombres, por regla general, requieren para todos estos esfuerzos relacionados con la marcha real el doble de tiempo del que requerirían 50.000, pero solo hay veinticuatro horas en el día para ambos.
Cuánto difieren el tiempo y la fatiga de la marcha misma según el tamaño del cuerpo de tropas que ha de moverse se ha mostrado en el noveno capítulo del libro precedente. Ahora bien, el ejército en retirada, es verdad, participa de estas fatigas tanto como el que avanza, pero estas son mucho mayores para este último:—