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CAPÍTULO XIV. Subsistencia

bárbaro e imprudente como para cargar sobre ese país la totalidad del peso de su mantenimiento; así, el sistema de contribuciones se aproxima por sí mismo gradualmente al de los almacenes de víveres, sin dejar de ser por ello por completo, ni perder sensiblemente nada de esa influencia que ejerce sobre las operaciones de la guerra; pues hay una gran diferencia entre el caso en que algunos de los recursos que se han extraído de un país son reemplazados por suministros traídos de puntos más lejanos (siguiendo el país, no obstante, siendo en lo sustancial la fuente de la que depende el ejército para sus suministros), y el caso de un ejército que —como en el siglo XVIII— provee a todas sus necesidades con sus propios recursos, sin que el país en el que opera contribuya, por regla general, en nada a su sostenimiento.

La gran diferencia consiste en dos cosas: a saber, el empleo de los medios de transporte del país y de sus hornos. De este modo, esa enorme carga de cualquier ejército, ese íncubo que siempre está destruyendo su propia obra, un tren de transporte militar, casi desaparece por completo.

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