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CAPÍTULO IV. Metodicismo

sea porque a un bando se le impide conocer todas las circunstancias que influyen en las disposiciones del otro, o porque, aun cuando estas circunstancias que influyen en las decisiones de uno fueran realmente conocidas, no hay tiempo suficiente, debido a su magnitud y a las disposiciones que acarrearían, para que el otro lleve a cabo todas las medidas de contrarresto necesarias; de modo que, por tanto, las medidas en la Guerra siempre deben calcularse sobre un cierto número de posibilidades; si reflexionamos sobre cuán innumerables son las cosas insignificantes que pertenecen a cualquier acontecimiento singular, y que por lo tanto deben tomarse en cuenta junto con él, y que por consiguiente no hay otro medio que suponer que unas se contrarrestan con otras, y basar nuestros preparativos únicamente en lo que es de carácter general y probable;

si reflexionamos por último en que, debido al número creciente de oficiales a medida que descendemos en la escala de rango, menos debe dejarse al verdadero discernimiento y al juicio maduro de los individuos cuanto más bajo es el ámbito de acción, y que cuando llegamos a aquellos rangos donde no podemos buscar otras nociones que las que brindan los reglamentos del servicio y la experiencia, debemos auxiliarlos con las formas metódicas que bordean dichos reglamentos.

Esto servirá a la vez como un apoyo para su criterio y como una barrera contra aquellas opiniones extravagantes y erróneas que son tan especialmente de temer en una esfera donde la experiencia es tan costosa.

Además de esta necesidad absoluta de método en la acción, debemos reconocer también que posee una ventaja positiva, la cual consiste en que, mediante la constante repetición de un ejercicio formal, se alcanza una rapidez, precisión y firmeza en el movimiento de las tropas que disminuye la fricción natural y hace que la máquina se mueva con mayor facilidad.

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