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CAPÍTULO VII. Vanguardia y puestos avanzados

oposición puede tener por objeto no solo dar al grueso del ejército el tiempo que necesita para prepararse para la batalla, sino también hacer que el enemigo desarrolle sus planes e intenciones, lo que consecuentemente hace que la observación sea mucho más importante.

Según se requiera ganar más o menos tiempo, según se calcule la oposición que ha de ofrecerse y se pretenda hacer frente a las medidas especiales del enemigo, así deberá ser proporcionalmente la fuerza de la vanguardia y de los puestos avanzados.

Federico el Grande, un general como ningún otro siempre dispuesto para el combate, y que dirigía casi a su ejército en la batalla a voz de mando, nunca necesitó puestos avanzados fuertes. Lo vemos, por tanto, acampando constantemente bajo las mismas narices del enemigo, sin grandes dispositivos de puestos avanzados, confiando para su seguridad, en un lugar en un regimiento de húsares, en otro en un batallón ligero, o tal vez en los piquetes y refuerzos proporcionados desde el campamento.

En la marcha, unos pocos miles de jinetes, proporcionados por lo general por la caballería de los flancos de la primera línea, formaban su vanguardia y, al final de la marcha, se reincorporaban al grueso principal. Raras veces tuvo un cuerpo empleado permanentemente como vanguardia.

Cuando es la intención de un pequeño ejército, empleando todo el peso de su masa con gran vigor y actividad, hacer que el enemigo sienta el efecto de su disciplina superior y de la mayor resolución de su comandante, entonces casi todo debe hacerse sous la barbe de l’ennemi, de la misma manera que lo hizo Federico el Grande cuando se opuso a Daun. Un sistema de mantenerse alejado del enemigo, y un sistema de puestos avanzados muy formal y extenso, neutralizarían todas las ventajas del tipo de superioridad mencionado. El

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