la defensiva, y cualquier importancia que tenga en la ofensiva solo puede manifestarse en un único enfrentamiento. Quien no sepa esto no ha reflexionado sobre el asunto ni ha llegado a una clara percepción del mismo, y en caso de que en algún futuro consejo de potentados y generales se hallare algún oficial instruido del estado mayor que, con el ceño fruncido, haga gala de tal sabiduría, lo declaramos desde ya pura necedad y deseamos que en ese mismo consejo esté presente algún auténtico espadachín, algún hijo del sano sentido común, que le cierre la
- El intervalo entre dos ataques nos parece de muy poca importancia. Cuando 600.000 hombres se reúnen a treinta o cuarenta millas de París para marchar contra el corazón de Francia, ¿pensaría alguien en cubrir el Rin medio, además de Berlín, Dresde, Viena y Múnich? No tendría ningún sentido semejante cosa. ¿Debemos cubrir las comunicaciones? Eso no carecería de importancia; pero entonces pronto podríamos vernos llevados a otorgar a esta cobertura la importancia de un ataque, y entonces, en lugar de