cuatro subordinados a quienes mandar, pero el comandante en jefe debe pagar caro esta comodidad de dos maneras. En primer lugar, una orden pierde en rapidez, fuerza y exactitud si la escala de grados por la que tiene que descender es larga, y este debe ser el caso si hay comandantes de cuerpo de ejército entre los jefes de división y el jefe superior; en segundo lugar, el jefe pierde por lo general en su propia capacidad de poder y eficacia cuanto más amplias se vuelven las esferas de acción de sus subordinados inmediatos. Un general que manda 100.000 hombres en ocho divisiones ejerce un poder que es mayor en intensidad que si los 100.000 hombres estuvieran divididos en solo tres cuerpos. Hay muchas razones para esto, pero la más importante es que cada comandante se considera a sí mismo con una especie de derecho de propiedad sobre su propio cuerpo de ejército, y siempre se opone a que se le retire cualquier parte de él por un tiempo mayor o menor. > Un poco de experiencia en la guerra hará esto evidente para
Pero, por otra parte, el número de divisiones no debe ser demasiado grande; de lo contrario, sobrevendrá el desorden. Bastante difícil es dirigir ocho divisiones desde un solo cuartel general, y nunca debe permitirse que el número exceda de diez. Pero en una división en la que los medios de transmitir las órdenes son mucho menores, el número normal menor de cuatro, o a lo sumo cinco, puede considerarse como el más adecuado.
Si estos factores, cinco y diez, no bastan, es decir, si las brigadas son demasiado fuertes, entonces debe introducirse el corps d'armée; pero debemos recordar que, al hacerlo, se crea un nuevo poder, el cual reduce de inmediato y en gran medida a todos los demás factores.