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CAPÍTULO VIII. Modo de acción de los cuerpos avanzados

eso obliga al enemigo a organizar nuevos ataques y planes para movimientos envolventes, y por ese medio se gana más tiempo. Quizás en una nueva posición se pueda librar incluso de nuevo un combate real.

Vemos que la oposición al avance del enemigo mediante la lucha real y la retirada están completamente combinadas entre sí, y que la brevedad de la duración de los combates debe compensarse con su frecuente repetición.

Esta es la clase de resistencia que debe ofrecer un cuerpo avanzado. El grado de efecto depende principalmente de la fuerza del cuerpo y de la configuración del país; en segundo lugar, de la longitud del camino que el cuerpo deba recorrer y del apoyo que reciba.

Un cuerpo pequeño, aun cuando las fuerzas en ambos lados sean iguales, nunca puede presentar tanta resistencia como un cuerpo considerable; pues cuanto mayores son las masas, más tiempo requieren para completar su acción, sea cual fuere la clase de esta.

En un país montañoso, la marcha por sí misma es más lenta, la resistencia en las distintas posiciones más prolongada y acompañada de menor peligro, y a cada paso se pueden encontrar posiciones favorables.

A medida que aumenta la distancia a la que se avanza un cuerpo de ejército, mayor será la longitud de su retirada y, por tanto, también la ganancia absoluta de tiempo mediante su resistencia; pero como dicho cuerpo, por su posición, tiene en sí mismo menor capacidad de resistencia y es más difícil de reforzar, su retirada debe efectuarse con una rapidez proporcionalmente mayor que si estuviera más cerca del cuerpo principal y tuviera una distancia más corta que recorrer.

El apoyo y los medios de reunión de que dispone un cuerpo avanzado deben influir naturalmente en la duración de la resistencia, ya que todo el tiempo que la prudencia exige para la seguridad de la retirada se resta de la resistencia y, por consiguiente, disminuye su magnitud.

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