haber cometido un error al emprender semejante expedición; en todo caso, el resultado ha demostrado que se engañó en sus cálculos, pero sostenemos que, suponiendo que fuera necesario buscar la consecución de este objetivo, no podría haberse hecho de ningún otro modo en su conjunto.
En lugar de agobiarse con una interminable y costosa guerra defensiva en el este, como la que tenía entre manos en el oeste, Buonaparte intentó el único medio para lograr su objetivo: extorsionar con un golpe audaz una paz a su asombrado adversario. La destrucción de su ejército fue el peligro al que se expuso en la empresa; era la apuesta en el juego, el precio de las grandes expectativas. Si esta destrucción de su ejército fue más completa de lo que habría sido necesario por culpa propia, dicha culpa no radicó en haber penetrado demasiado en el corazón del país, pues ese era su objetivo y era inevitable, sino en la tardía fecha en que comenzó la campaña, el sacrificio de vidas ocasionado por sus tácticas, la falta del cuidado debido para el abastecimiento de su ejército y para su línea de retirada, y por último, en haber retrasado demasiado su marcha desde Moscú.