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CAPÍTULO IX. Plan de guerra cuando el objeto es la destrucción del enemigo

de guerra es determinar los centros de gravedad del poder del enemigo y, de ser posible, reducirlos a uno solo. La segunda es unir las fuerzas que han de emplearse contra el centro de fuerza en una sola gran acción.

He aquí que ahora se nos pueden presentar los siguientes motivos para dividir nuestras fuerzas:

  1. La posición original de las fuerzas militares, por tanto también la situación de los Estados involucrados en la ofensiva.

Si la concentración de las fuerzas ocasionara rodeos y pérdida de tiempo, y el peligro de avanzar por líneas separadas no es demasiado grande, entonces lo mismo puede justificarse por tales motivos; pues efectuar una concentración innecesaria de fuerzas, con gran pérdida de tiempo, por la cual se disminuyen la frescura y la rapidez del primer golpe, sería contrario al segundo principio rector que hemos establecido. En todos los casos en los que exista la esperanza de sorprender al enemigo en cierta medida, esto merece particular atención.

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