cursos forman una serie natural de niveles, a partir de los cuales podemos obtener tanto la altura general como el perfil general de la montaña, al tiempo que los valles formados por las corrientes presentan también los mejores medios de acceso a las alturas, debido a que gran parte del efecto de la acción erosiva y aluvial del agua es permanente, de modo que las irregularidades de las laderas de la montaña son suavizadas por ella hasta alcanzar una pendiente regular. De ahí, por tanto, que la idea de la defensa montañosa asumiera que, cuando una montaña corría de manera aproximadamente paralela al frente que debía defenderse, debía considerarse como un gran obstáculo a la aproximación, como una especie de muralla cuyas puertas estaban formadas por los valles. La defensa real debía realizarse entonces en la cresta de dicha muralla (es decir, en el borde de la meseta que coronaba la montaña) y cortar los valles transversalmente. Si la línea de la cadena montañosa principal formaba más bien un ángulo recto con el frente de defensa, se seleccionaría entonces uno de los ramales principales para ser utilizado en su lugar; de este modo, la línea elegida sería paralela a uno de los valles principales y ascendería hasta la cordillera principal, la cual podría considerarse como el extremo.
Hemos notado este esquema de defensa alpina fundamentado en la estructura geológica de la tierra, porque de verdad se presentó en la teoría durante algún tiempo, y en la llamada «teoría del terreno» las leyes del proceso de la acción acuosa se han mezclado con la conducción de la guerra.
Pero todo esto está tan lleno de hipótesis falsas y sustituciones incorrectas que, al prescindir de ellas, no queda en la realidad nada que sirva de base para ningún tipo de sistema.
Las principales crestas de las montañas reales son demasiado impracticables e inhospitables como para colocar grandes masas de tropas