tener sobre el otro, según la cual podremos determinar después hasta qué punto las diferentes fuerzas del enemigo pueden reducirse a un único centro de fuerza.
Solo hay una excepción al principio de dirigir todas nuestras fuerzas contra el centro de gravedad del poder del enemigo: si las expediciones secundarias prometen ventajas extraordinarias; y aun en este caso, se da por supuesta la condición de que poseemos una superioridad tan decisiva que nos permite emprender tales empresas sin correr un riesgo demasiado grande en el punto que constituye nuestro gran objetivo.
Cuando el general Bülow entró en Holanda en 1814, era de prever que los treinta mil hombres que componían su cuerpo no sólo neutralizarían al mismo número de franceses, sino que, además, darían a los ingleses y a los holandeses la oportunidad de entrar en campaña con fuerzas que de otro modo nunca se habrían puesto en actividad.
Por consiguiente, la primera consideración en la combinación de un plan