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CAPÍTULO XII. Marchas ( continuación )

Tenemos ahora que considerar la influencia destructiva que las marchas ejercen sobre un ejército. Es tan grande que puede considerarse como un principio activo de destrucción, ni más ni menos que el combate.

Una sola marcha moderada no desgasta el instrumento, pero una sucesión de marchas aun moderadas seguramente hará mella en él, y una sucesión de marchas duras, por supuesto, lo hará mucho antes.

En el escenario mismo de la guerra, la escasez de alimentos y refugio, los malos caminos destrozados y la necesidad de encontrarse en un estado perpetuo de preparación para el combate, son causas de una tensión excesiva sobre nuestros recursos, por la cual los hombres, el ganado, los carruajes de toda índole, así como el vestuario, quedan arruinados.

Se suele decir que un largo descanso no conviene a la salud física de un ejército; que en un tiempo así hay más enfermedad que durante una actividad moderada.

Sin duda la enfermedad se manifiesta y se manifiesta si los soldados se agrupan demasiado en alojamientos confinados; pero lo mismo ocurriría si estos fueran alojamientos ocupados en la marcha, y la falta de aire y ejercicio nunca puede ser la causa de tales enfermedades, ya que es muy fácil proporcionarle ambas cosas al soldado por medio de sus ejercicios.

Sólo pensad por un momento, cuando el organismo de un ser humano se encuentra en un estado trastornado y desfalleciente, qué diferencia debe suponer para él enfermar en una casa o ser atacado en mitad de un camino real, con el lodo hasta las rodillas, bajo torrentes de lluvia y

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