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CAPÍTULO XVII. Sobre el país y el terreno

Una llanura completamente llana, bastante abierta al mismo tiempo, es decir, una extensión de terreno que no puede influir en absoluto en la guerra, no tiene existencia sino en relación con pequeños cuerpos de tropas, y respecto a ellos únicamente durante la duración de un momento dado de tiempo.

Cuando se trata de cuerpos más grandes y de una mayor duración de tiempo, los accidentes del terreno se mezclan con la acción de dichos cuerpos, y es difícil, en el caso de un ejército entero, imaginar un momento particular, como el de una batalla, en el que el terreno no haga sentir su influencia.

Por consiguiente, esta influencia nunca está inactiva, pero es sin duda más fuerte o más débil según la naturaleza del país.

Si tenemos presente la gran masa de fenómenos topográficos, hallamos que los países se apartan de la idea de llanuras llanas perfectamente abiertas principalmente de tres maneras:

  • primero, por la forma del terreno, es decir, colinas y valles;
  • luego, por los bosques, pantanos y lagos como accidentes naturales;
  • y por último, por los cambios introducidos por la mano del hombre.

A través de cada una de estas tres circunstancias hay un aumento en la influencia del terreno sobre las operaciones de guerra. Si las seguimos hasta cierta distancia, tenemos el país montañoso, un país poco cultivado y cubierto de bosques y pantanos, y el país bien cultivado.

La tendencia en cada caso es hacer la guerra más complicada y vinculada al arte.

El grado de influencia que ejerce el cultivo es mayor o menor según la naturaleza del mismo; el sistema seguido en Flandes, Holstein y algunos

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