En primer lugar, siempre existe en este caso, como sabemos, una exposición de las líneas de comunicación, aquí las líneas de retirada, y a este respecto el defensor tiene una ventaja en sus relaciones generales como defensor, y luego y principalmente, la ventaja que hemos reivindicado para las propiedades estratégicas de su posición actual.
En segundo lugar —y esto es lo principal—, todo agresor que intenta rebasar a su adversario se halla expuesto a dos tendencias opuestas. Su primer deseo es avanzar para alcanzar el objetivo de su ataque; pero la posibilidad de ser atacado por el flanco en cualquier momento crea la necesidad de estar preparado, en cualquier instante, para asestar un golpe en esa dirección, y además un golpe con la masa de sus fuerzas. Estas dos tendencias son contradictorias y engendran una complicación tal en las relaciones internas (de su ejército), una dificultad tal en la elección de las medidas, si han de adaptarse a cada acontecimiento,