- Un país puede corresponder más o menos al carácter y la composición de un ejército. Una caballería muy numerosa es una razón adecuada para buscar un país abierto. La falta de esta arma, tal vez también de artillería, mientras tenemos a nuestra disposición una infantería valiente, habituada a la guerra y conocedora del país, hace aconsejable sacar provecho de un país difícil y cerrado.
No entramos aquí en detalles respecto a la relación táctica que los accidentes locales de una posición defensiva guardan con la fuerza destinada a ocuparla.
Solo hablamos del resultado total, ya que este es el único que constituye una magnitud estratégica.
Indudablemente, una posición en la que un ejército ha de aguardar toda la fuerza del ataque enemigo debe proporcionar a las tropas una ventaja de terreno tan importante que pueda considerarse un multiplicador de su fuerza.
Allí donde la naturaleza hace mucho, pero no exactamente todo lo que queremos, el arte de la atrincheración acude en nuestra ayuda. De este modo sucede con no poca frecuencia que algunas partes se vuelven inexpugnables, y no es raro que el conjunto entero llegue a serlo: es evidente que en este último caso cambia toda la naturaleza de la medida.
Ya no se busca entonces una batalla en condiciones ventajosas —y en ella el desenlace de la campaña—, sino un desenlace sin batalla. Mientras ocupamos con nuestras fuerzas una posición inexpugnable, rehusamos directamente el combate y obligamos a nuestro enemigo a buscar una solución por algún otro medio.