un ejército penetra en tierra enemiga, gran parte de sus necesidades son abastecidas por aquella parte del país de la que se toma posesión; mas es entonces una condición necesaria que seamos completamente amos de esta porción de territorio, es decir, tener la certeza de que nuestras órdenes sean obedecidas dentro de sus límites. Esta certeza, sin embargo, rara vez se extiende más allá del alcance de nuestra capacidad para mantener a los habitantes bajo temor mediante pequeñas guarniciones y destacamentos que se desplazan de un lugar a otro, y por lo general eso no es muy lejos. La consecuencia es que, en el país enemigo, la parte del territorio de la que podemos extraer suministros rara vez tiene la extensión suficiente para proporcionar todos los que requerimos, y por tanto aún debemos depender de nuestra propia tierra para mucho de ello, lo cual nos devuelve a la importancia de aquella parte de nuestro territorio situada inmediatamente a la retaguardia de nuestro ejército como una porción indispensable de nuestra base.
Las necesidades de un ejército pueden dividirse en dos clases: primero, aquellas que cualquier país cultivado puede proporcionar; y segundo, aquellas que solo se pueden obtener en las localidades donde se producen.
Las primeras son principalmente provisiones; las segundas, los medios para mantener un ejército completo en todos los sentidos. Por consiguiente, las primeras se pueden obtener en el país enemigo; las segundas, por regla general, solo las puede proporcionar nuestro propio país, por ejemplo: hombres, armas y casi todas las municiones de guerra.
Aunque hay excepciones a esta clasificación en ciertos casos, siguen siendo pocas e insignificantes, y la distinción que hemos trazado es de vital importancia, y demuestra una vez más que la comunicación con nuestro propio país es indispensable.