Los diferentes pasos de la defensa que hemos conocido en el capítulo sobre los métodos de defensa son completamente homogéneos con estas condiciones fundamentales; por consiguiente, no habrá ninguna dificultad en relacionarlos con ellas de acuerdo con los requerimientos especiales de cada caso. Pero hay un punto que a primera vista parece implicar una contradicción en sí mismo y que, al ser uno de los más importantes de la defensa, requiere tanto más una explicación. Se trata de dar en el centro de gravedad exacto de la fuerza del enemigo.
Si el defensor averigua a tiempo las rutas por las que avanzará el enemigo, y sobre las cuales, en particular, se hallará con certeza la gran masa de su fuerza, podrá marchar contra él por dicho camino.
Este será el caso más habitual, pues aunque el defensor se anteceda al ataque con medidas de carácter general, en el establecimiento de plazas fuertes, grandes arsenales y depósitos, y en el pie de paz de su ejército —dando así una línea de dirección al asaltante en sus preparativos—, aun así, cuando la campaña realmente se abre, el defensor, en relación con el agresor, tiene por lo general la peculiar ventaja de jugar la última carta.
Para atacar un país extranjero con un gran ejército, se requieren preparativos muy considerables. Es necesario reunir provisiones, pertrechos y artículos de equipamiento de todo tipo, lo cual requiere tiempo.
Mientras se llevan a cabo estos preparativos, el defensor dispone de tiempo para prepararse en consecuencia, respecto a lo cual no debemos olvidar que la defensa exige menos tiempo, por lo general, debido a que en todo Estado las cosas están preparadas más para la defensiva que para la ofensiva.
Pero aunque esto pueda ser válido en la mayoría de los casos, siempre existe la posibilidad de que, en casos particulares, el defensor permanezca en la incertidumbre respecto a la línea principal por la que el enemigo