Aun haciendo abstracción de su influencia en lo que respecta a los medios de subsistencia de un ejército, el país y el terreno guardan otra relación, íntima e infalible, con los asuntos de la guerra: su influencia decisiva en la batalla, tanto en lo que concierne a su curso como a su preparación y al uso que debe hacerse de ella.
Pasamos ahora a considerar el país y el terreno en esta faceta, es decir, en el pleno sentido de la expresión francesa «Terrain».
La manera de utilizarlos es un asunto que pertenece casi por entero al ámbito de la táctica, pero los efectos que de ellos se derivan se manifiestan en la estrategia; una batalla en las montañas es, tanto en sus consecuencias como en sí misma, algo muy diferente de una batalla en una llanura rasa.
Pero hasta que hayamos estudiado la distinción entre ataque y defensa, y examinado la naturaleza de cada uno por separado y en su totalidad, no podremos entrar en la consideración de los rasgos principales del terreno en sus efectos; debemos, por tanto, por el momento limitarnos a una investigación de sus propiedades generales.
Hay tres propiedades a través de las cuales el terreno influye en la acción de la guerra; esto es, como un obstáculo para la aproximación, como un obstáculo para una visión amplia y como protección contra el efecto de las armas de fuego; todos los demás efectos pueden reducirse a estas tres.
Indudablemente, esta triple influencia del terreno tiende a hacer la guerra más diversificada, más complicada y más científica, ya que son claramente tres magnitudes más que entran en las combinaciones militares.