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CAPÍTULO I. Introducción

espíritu que resulta indispensable si ha de dominarse a los acontecimientos, y no ser dominado por ellos.

Con algo de temor avanzamos de nuevo; solo podemos hacerlo siguiendo el camino que nos hemos trazado desde el principio.

La teoría debe arrojar una luz clara sobre la masa de objetos, para que la mente pueda orientarse más fácilmente; la teoría debe arrancar las malas hierbas que el error ha sembrado a manos llenas; debe mostrar las relaciones de las cosas entre sí, separar lo importante de lo trivial.

Donde las ideas se resuelven espontáneamente en un núcleo de Verdad tal como el que se llama Principio, donde por sí mismas se mantienen en una línea que forma una regla, la teoría debe indicarlo

Sea lo que fuere lo que la mente aprehende, los rayos de luz que en ella se despiertan mediante esta exploración entre las nociones fundamentales de las cosas, esa es la ayuda que la Teoría le presta a la mente.

La Teoría no puede dar fórmulas con las cuales resolver problemas; no puede confinar el curso de la mente a la estrecha línea de la necesidad por medio de Principios establecidos a ambos lados. Le permite a la mente echar un vistazo a la masa de objetos y a sus relaciones, y luego le concede la libertad de ascender a las regiones superiores de la acción, para actuar allí según la medida de sus fuerzas naturales, con la energía de todas esas fuerzas combinadas, y aprehender lo Verdadero y lo Correcto, como una sola idea clara que, brotando de bajo la presión unida de todas estas fuerzas, parecería ser más un producto del sentimiento que de la reflexión.

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