como una monarquía, sino como una aglomeración de ducados y condado; Inglaterra, aunque con mayor apariencia de unidad, luchaba todavía con la organización feudal, y estaba obstaculizada por graves problemas domésticos.
Bajo Luis XI, Francia dio su mayor paso hacia la unidad interior; bajo Carlos VIII aparece en Italia como una potencia empeñada en la conquista; y bajo Luis XIV había llevado su estado político y su ejército permanente a la más alta perfección.
España alcanza la unidad bajo Fernando el Católico; mediante casuales enlaces matrimoniales, bajo Carlos V surgió repentinamente la gran monarquía española, compuesta por la España, la Borgoña, la Alemania y la Italia unidas.
Lo que a este coloso le faltaba en unidad y cohesión política interna, lo compensaba con oro, y su ejército permanente entró por primera vez en colisión con el ejército permanente de Francia.
Tras la abdicación de Carlos, el gran coloso español se dividió en dos partes, España y Austria. Esta última, fortalecida por la adquisición de Bohemia y Hungría, aparece ahora en la escena como una gran potencia, remolcando a la Confederación Germánica como a una pequeña embarcación tras de sí.
El fin del siglo XVII, la época de Luis XIV, debe considerarse como el momento de la historia en el que el poder militar permanente, tal como existió en el siglo XVIII, alcanzó su apogeo. Esa fuerza militar se basaba en el reclutamiento y el dinero. Los Estados se habían organizado en unidades completas; y los gobiernos, al conmutar las obligaciones personales de sus súbditos en un pago en dinero, habían concentrado todo su poder en sus tesoros.