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CAPÍTULO XXX. Defensa de un teatro de guerra (continuación). Cuando no se busca ninguna decisión.

En la guerra, donde la insuficiencia de conocimientos, el peligro de una catástrofe y el número de accidentes son incomparablemente mayores que en cualquier otra esfera de la actividad humana, la cantidad de deficiencias —si se nos permite llamarlas así— debe ser necesariamente también mucho mayor. Este es, pues, el fértil terreno donde la defensa cosecha los frutos que brotan para ella espontáneamente. Si añadimos a este resultado de la experiencia la importancia sustancial que tiene la posesión de la superficie del terreno en la guerra, entonces aquel refrán que se ha hecho proverbial, beati sunt possidentes, resulta tan válido aquí como en tiempos de paz. Es esta máxima la que aquí ocupa el lugar de la decisión, ese foco de toda acción en cualquier guerra orientada a la destrucción mutua. Es inagotablemente fecunda, no en las acciones que desencadena, sino en los motivos para la inacción y para todas aquellas acciones que se realizan en interés de la inacción. Cuando no se ha de buscar ni esperar ninguna decisión, no hay razón para ceder nada, pues eso solo podría hacerse para obtener de tal modo alguna ventaja de cara a la decisión. La consecuencia es que el defensor lo conserva todo, o al menos tanto como puede (es decir, tanto como es capaz de cubrir), y el asaltante toma posesión de cuanto puede sin verse envuelto en una decisión (esto es, se extenderá lateralmente tanto como le sea posible). De lo primero es de lo único que debemos ocuparnos en este lugar.

Donde el defensor no se halla presente con sus fuerzas militares, el atacante puede apoderarse del territorio, y entonces la ventaja del estado de expectativa está de su lado; de ahí el empeño en cubrir el país por todas partes de manera directa, y correr el riesgo de que el atacante embista a las tropas apostadas con este fin.

Antes de avanzar más en las propiedades especiales de la defensa, debemos extraer del libro sobre el ataque aquellos objetivos a los que el

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