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CAPÍTULO XVIII. Defensa de arroyos y ríos

Todavía hemos dicho poco sobre las fintas o demostraciones de cruce, ya que estas no entran esencialmente en consideración en la defensa directa de un río, porque, en parte, dicha defensa no es una cuestión de concentración del ejército en un solo punto, sino que a cada cuerpo se le asigna claramente la defensa de una porción del río; en parte, tales intenciones simuladas de cruce también son muy difíciles bajo las circunstancias que hemos supuesto.

Si, por ejemplo, los medios de cruce en sí mismos ya son limitados, es decir, no se encuentran en la abundancia que el atacante debe desear para asegurar el éxito de su empresa, difícilmente podrá o querrá entonces destinar una gran parte a una mera demostración: en todo caso, la masa de tropas que deba hacerse cruzar en el verdadero punto de paso será mucho menor, y el defensor gana de nuevo en tiempo lo que debido a la incertidumbre haya podido perder.

Esta defensa directa, por regla general, solo parece adecuada para los grandes ríos y en la última mitad de su curso.

La segunda forma de defensa es adecuada para ríos más pequeños con valles profundos, a menudo también para otros de muy poca importancia. Consiste en una posición adoptada más atrás del río, a tal distancia que el ejército enemigo pueda ser aniquilado en detalle tras el paso (si cruza por varios puntos al mismo tiempo) o, si el cruce es realizado por la totalidad en un solo punto, entonces cerca del río, acorralado en un solo puente y camino.

Un ejército con la retaguardia presionada contra un río o un valle profundo, y confinado a una sola línea de retirada, se encuentra en una posición de gran desventaja para el combate; en hacer un uso adecuado de esta circunstancia consiste precisamente la defensa más eficaz de los ríos de tamaño moderado que fluyen por valles profundos.

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