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CAPÍTULO VII. La batalla ofensiva

más adelante en lo relativo al ataque de un teatro de guerra.)

Como es objetivo del comandante en la batalla defensiva retrasar la decisión tanto como sea posible y ganar tiempo, puesto que una batalla defensiva no decidida al ponerse el sol suele ser una batalla ganada, el comandante requiere, por consiguiente, apresurar la decisión en la batalla ofensiva; mas, por otra parte, hay un gran riesgo en la prisa excesiva, porque conduce a un desgaste de fuerzas.

Una peculiaridad de la batalla ofensiva es la incertidumbre, en la mayoría de los casos, respecto a la posición del enemigo; es un completo tanteo entre cosas que se desconocen (Austerlitz, Wagram, Hohenlinden, Jena, Katzbach). Cuanto más sea este el caso, tanto más primordial se vuelve la concentración de fuerzas, y preferible el desvío de un flanco al cerco.

Que los frutos principales de la victoria se recogen primeramente en la persecución, ya lo hemos aprendido en el duodécimo capítulo del cuarto libro. Según la naturaleza de las cosas, la persecución forma más parte integrante de toda la acción en la batalla ofensiva que en la defensiva.

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