naturaleza del país por el que atraviesan, los medios de cobertura que ofrecen los ríos, montañas y ciénagas, las estaciones y el clima, la importancia de determinados convoyes, tales como los trenes de sitio, el número de tropas ligeras, etc., etc.
De todas estas circunstancias, por consiguiente, dependerá el efecto con que un general pueda actuar sobre las comunicaciones de su adversario; y al comparar el resultado del conjunto de estas circunstancias de un lado con el resultado del conjunto del otro, obtenemos una estimación justa de las ventajas relativas de ambos sistemas de comunicación, de lo cual dependerá cuál de los dos generales puede jugar la partida más alta.
Lo que aquí parece tan prolífico en la explicación se decide a menudo en el caso concreto a primera vista; pero para ello se requiere aún el tacto de un juicio ejercitado, y uno debe haber meditado sobre cada uno de los casos aquí desarrollados para ver bajo su verdadera luz el absurdo de aquellos escritores críticos que creen haber zanjado algo con las meras palabras «envolvimiento» y «operar sobre un flanco», sin dar razones de ello.
Llegamos ahora a la segunda condición principal bajo la cual puede tener lugar la acción estratégica contra el flanco del enemigo.
Si el enemigo se ve impedido de avanzar por cualquier otra causa que no sea la resistencia que opone nuestro ejército, sea cual fuere dicha causa, nuestro ejército no tiene motivos para temer debilitarse al enviar destacamentos para hostigar al enemigo; pues si el enemigo intentara castigarnos con un ataque, no tenemos más que ceder algo de terreno y rehusar el combate. Esto fue lo que hizo el principal ejército ruso en Moscú en 1812. Pero no es en absoluto necesario que todo vuelva a repetirse a la misma gran escala que en aquella campaña para que un caso así vuelva a suceder.