de conversión, a su vez, deben realizarse más con vistas a cortar la retirada del enemigo que como un arrollamiento táctico del flanco o un ataque a la retaguardia; pues las posiciones montañosas son capaces de una resistencia prolongada aun en la retaguardia si no faltan fuerzas, y el resultado más rápido debe esperarse indefectiblemente solo del temor del enemigo a perder su línea de retirada; este tipo de inquietud surge antes y actúa con más fuerza en las montañas porque, en el peor de los casos, no es tan fácil hacerse espacio con la espada en la mano. Una mera demostración no es un medio suficiente aquí; ciertamente podría maniobrar al enemigo para sacarlo de su posición, pero no garantizaría ningún resultado especial; por lo tanto, el objetivo debe ser cortarle, en realidad, su línea de
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CAPÍTULO XI. Ataque a una montaña
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