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CAPÍTULO XII. Medios estratégicos para utilizar la victoria

le quedaran suficientes para marchar sobre Moscú, el punto del que parecía depender todo.

La victoria que acababa de conseguir le daba casi la seguridad de tomar aquella capital, pues que los rusos se hallaran en condiciones de librar una segunda batalla en el plazo de ocho días parecía sumamente improbable; y en Moscú esperaba encontrar la paz.

Sin duda, la total dispersión del ejército ruso habría hecho esta paz mucho más segura; pero aun así, la primera consideración era llegar a Moscú, es decir, llegar con una fuerza con la cual pareciera un dictador sobre la capital, y a través de esta sobre el Imperio y el Gobierno.

La fuerza que trajo consigo a Moscú ya no era suficiente para ello, como se vio en el desenlace, pero lo habría sido aún menos si, al dispersar al ejército ruso, hubiera dispersado el suyo al mismo tiempo. Bonaparte era plenamente consciente de todo esto, y ante nuestros ojos queda completamente justificado.

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