Esta disposición sería una ordenación táctica en la medida en que se refiere a una y la misma batalla; sin embargo, solo puede considerarse como tal siempre y cuando la posición de las tropas sea tan compacta que no puedan concebirse dos combates separados y, por consiguiente, el espacio que ocupa el conjunto pueda considerarse estratégicamente como un mero punto. Pero en la guerra se dan con frecuencia casos en los que incluso aquellas fuerzas destinadas a combatir al unísono deben estar tan separadas entre sí que, si bien su unión para un combate común sigue siendo indudablemente el objetivo principal, sigue siendo posible, no obstante, que se produzcan combates separados. Dicha disposición es, por tanto, estratégica.
Disposiciones de esta índole son: las marchas en masas y columnas separadas, la formación de vanguardias y columnas de flanco, así como la agrupación de reservas destinadas a servir de apoyo a más de un punto estratégico; la concentración de varios Cuerpos de ejército procedentes de acantonamientos ampliamente dispersos, etc., etc.
Podemos ver que la necesidad de estos dispositivos puede surgir constantemente, y podemos considerarlos algo así como la calderilla en la economía estratégica, mientras que las batallas capitales y todo lo que se equipara a ellas son las piezas de oro y plata.