como se puede enviar una expedición a una distancia de cincuenta millas (la distancia de Smolensk a Moscú) contra un lugar como Moscú.
Suponiendo que Buonaparte, cuando estaba en Smolensk, donde contaba con una fuerza de 160.000 hombres, hubiera pensado que podía aventurarse a destacar una división contra Moscú antes de empeñarse en una gran batalla, y hubiera empleado a 40.000 hombres con ese fin, dejando a 120.000 frente al ejército ruso principal, en ese caso, estos 120.000 hombres no habrían sido más de 90.000 en la batalla, es decir, 40.000 menos que el número que combatió en Borodino; los rusos, por lo tanto, habrían tenido una superioridad numérica de 30.000 hombres.
Tomando el curso de la batalla de Borodino como norma, bien podemos suponer que con tal superioridad habrían vencido. En todo caso, la situación relativa de ambas partes habría sido más favorable para los rusos de lo que fue en Borodino.
Pero la retirada de los rusos no fue el resultado de un plan bien madurado; se retiraron tan lejos como lo hicieron porque cada vez que estaban a punto de presentar batalla no se consideraban aún lo suficientemente fuertes para una gran acción; todos sus suministros y refuerzos estaban en el camino de Moscú a Smolensk, y a nadie en Smolensk se le podía pasar por la cabeza abandonar ese camino. Pero, además, una victoria entre Smolensk y Kaluga jamás habría justificado, a los ojos de los rusos, la ofensa de haber dejado Moscú desguarnecido y expuesto a la posibilidad de ser tomado.
Buonaparte, en 1813, habría asegurado París con mayor certeza frente a un ataque si hubiera tomado posición a cierta distancia en dirección lateral, en algún lugar detrás del canal de Borgoña, dejando en París, junto con la gran fuerza de la Guardia Nacional, tan solo unos pocos miles de tropas regulares. Los aliados nunca habrían tenido el valor de marchar con un cuerpo de 50.000 o 60.000 hombres contra París