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CAPÍTULO XII. Posición defensiva

Toda posición en la que aceptamos el combate, sirviéndonos al mismo tiempo del terreno como medio de protección, es una posición defensiva, y a este respecto no hay diferencia alguna en que actuemos de manera más pasiva o más ofensiva en la acción. Esto se desprende de la visión general de la defensa que hemos expuesto.

Ahora podemos aplicar también el término a toda posición en la que un ejército, mientras marcha al encuentro del enemigo, aceptaría ciertamente la batalla si este la buscara. De hecho, la mayoría de las batallas se desarrollan de este modo, y en toda la Edad Media no se concebiría ninguna otra.

Esta no es, sin embargo, la clase de posición de la que estamos hablando ahora; con mucho, el mayor número de posiciones son de este tipo, y la concepción de una posición en contraposición a un campamento levantado en la marcha bastaría para ello. Una posición que se denomina especialmente posición defensiva debe tener, por tanto, alguna otra característica distintiva.

En las decisiones que se toman en una posición ordinaria, la idea del tiempo predomina evidentemente; los ejércitos marchan uno contra el otro para entablar combate: el lugar es un punto secundario, lo único que se le exige es que no sea inadecuado. Pero en una posición defensiva real, la idea de lugar predomina; la decisión ha de realizarse en este punto, o más bien, principalmente a través de este punto. Esa es la única clase de posición que tenemos aquí en vista.

Ahora bien, la conexión del lugar es doble; esto es, en primer lugar, en la medida en que una fuerza apostada en este punto ejerce una cierta

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