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B. La guerra como instrumento de la política

Habiendo hecho el examen requerido en ambos lados de ese estado de antagonismo en que la naturaleza de la guerra se halla en relación con otros intereses de los hombres individualmente y del vínculo de la sociedad, para no omitir ninguno de los elementos opuestos, un antagonismo que está fundado en nuestra propia naturaleza y que, por tanto, ninguna filosofía puede desentrañar, buscaremos ahora esa unidad en la cual, en la vida práctica, estos elementos antagónicos se combinan neutralizándose parcialmente unos a otros.

Habríamos presentado esta unidad desde el mismo comienzo, si no hubiera sido necesario poner de manifiesto con mucha claridad esta contradicción, así como examinar los diferentes elementos por separado.

Ahora bien, esta unidad es la concepción de que la guerra es solo una parte de las relaciones políticas y, por tanto, en modo alguno algo independiente en sí mismo.

Sabemos, ciertamente, que la guerra solo es provocada por las relaciones políticas de los gobiernos y las naciones; pero en general se supone que dichas relaciones quedan interrumpidas por la guerra y que se sucede un estado de cosas totalmente diferente, sujeto a ninguna ley que no sea la suya propia.

Sostenemos, por el contrario: que la guerra no es sino la continuación de las relaciones políticas con la mezcla de otros medios. Decimos «con la mezcla de otros medios» para sostener al mismo tiempo que dichas relaciones políticas no cesan por la guerra misma, ni se transforman en algo totalmente distinto, sino que continúan existiendo en su esencia,

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