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CAPÍTULO XVIII. Tensión y reposo

# La Ley Dinámica de la Guerra

Hemos visto en el capítulo decimosexto de este libro cómo, en la mayoría de las campañas, se solía emplear mucho más tiempo en la quietud y la inactividad que en la acción.

Ahora bien, aunque, como se observó en el capítulo precedente, vemos un carácter bastante diferente en la forma actual de la guerra, sigue siendo cierto que la acción real estará siempre interrumpida en mayor o menor medida por largas pausas; y esto nos lleva a la necesidad de examinar más de cerca la naturaleza de estas dos fases de la guerra.

Si hay una suspensión de la acción en la Guerra, es decir, si ninguna de las partes quiere algo positivo, hay reposo y, en consecuencia, equilibrio; mas ciertamente un equilibrio en la más amplia acepción, en el cual no solo las fuerzas de guerra morales y físicas, sino todas las relaciones e intereses, entran en cálculo.

Tan pronto como una de las dos partes se propone un nuevo objeto positivo y emprende pasos activos hacia él, aunque sea solo mediante preparativos, y tan pronto como el adversario se opone a esto, hay una tensión de poderes; esta dura hasta que tiene lugar la decisión, es decir, hasta que una de las partes renuncia a su objeto o la otra se lo ha concedido.

Esta decisión —cuyo fundamento radica siempre en el combate, combinaciones que se hacen por cada bando— es seguida por un movimiento en una u otra dirección.

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